EJERCICIO FÍSICO Y AMBIENTE CALUROSO

El ser humano tiene la particularidad de que, para estar sano, necesita mantener su cuerpo a una temperatura interior estable, próxima a los 37ºC. La exterior; es decir, la que podemos tener en las capas más superficiales del cuerpo, en la piel, puede cambiar más, en función de la temperatura del ambiente que nos rodea.

Para conseguir esa estabilidad térmica interna, el organismo dispone de varios sistemas de intercambio de calor: la irradiación, la conducción, la convección y la evaporación. Gracias a ellos, y a las adaptaciones culturales, podemos vivir en un amplio margen de lugares de la tierra y en climas radicalmente diferentes.

Una de las situaciones más comprometidas para nuestro organismo es la de realizar actividad física de cierta intensidad en ambientes cálidos o calurosos.

Una gran cantidad de la energía gastada durante un ejercicio físico, del orden del 75% del total, se transforma en calor. Si se almacenara en el cuerpo, incrementaría su temperatura interna de forma desmedida, poniendo en riesgo la vida.

Cuando el ambiente que nos rodea es fresco o frío, ese problema se resuelve fácilmente: la circulación sanguínea más superficial aumenta y actúa como un radiador, enfriándose cerca de la piel y reduciendo el calor interno.

Pero cuando el aire que nos rodea está caliente, la radiación, la conducción y la convección dejan de ser eficaces. Solo la sudoración sigue siendo útil, porque el sudor, cuando se evapora en contacto con la piel, la enfría.

Por tanto, realizar esfuerzos en ambiente cálido aumenta la deshidratación y la sensación de fatiga.

Además, el reparto de sangre entre la piel, para enfriarse, y los músculos, para trabajar, hace que el mismo esfuerzo físico suponga una mayor concentración de lactato en sangre.

Según estudios médicos realizados, en un esfuerzo al 70% de su umbral de agotamiento a 30ºC de temperatura ambiente, un deportista aguanta aproximadamente la mitad de tiempo que si la temperatura ambiente fuera de 10ºC.

Un aspecto importante para quienes regulen su esfuerzo en función de la frecuencia cardiaca es que, a igual intensidad de esfuerzo, el corazón late más rápido cuanto más calor hace. Por lo tanto, ¡atención con el ajuste del pulsómetro en días calurosos!

ADAPTACIÓN AL CALOR:

Si entrenamos en ambiente caluroso, en apenas una semana empezamos a conseguir cierto grado de adaptación, con un aumento del rendimiento físico y un menor riesgo de sufrir problemas de salud.

Uno de los cambios más evidentes es que empezaremos a sudar antes, que lo haremos en mayor cantidad y que el líquido perdido tendrá menos sales, lo que significa que tendremos que hidratarnos (beber) más. A cambio, la temperatura corporal se mantendrá mejor, el rendimiento será mayor y la salud, mejor.

Como conclusión, se aconseja beber agua o preparados isotónicos a temperatura fresca y con menor concentración de hidratos de carbono que cuando hace frío. Una opción es diluir algo las bebidas isotónicas que usamos habitualmente o combinarlas con ingestas de agua sola.

EL GOLPE DE CALOR

Como se ha explicado antes, hacer ejercicio intenso en ambiente caluroso es muy arriesgado para la salud.

Calambres musculares, fatiga o agotamiento, síncope, insolación o un golpe de calor, en los casos más graves, son las posibles consecuencias.

Es importante detectarlas antes de que lleguen a ser graves, y tratarlas adecuadamente.

Síntomas:

  • .- Calambres o contracturas musculares dolorosas
  • .- Debilidad
  • .- Nauseas
  • .- Vómitos
  • .- Dolor de cabeza
  • .- Estado de conciencia alterado, mareo

¿Qué signos podemos apreciar?

  • .- Temperatura corporal cercana o superior a 40ºC
  • .- Piel caliente, sudorosa o seca, según el momento y tipo de golpe de calor.

¿Qué hacer si sospechamos que alguien padece un problema de salud por exceso de calor?

  • .- Parar el ejercicio físico.
  • .- Poner a la persona a la sombra y en un lugar fresco.
  • .- Quitarle posible exceso de ropa.
  • .- Avisar a las asistencias sanitarias (112).
  • .- Tumbar a la persona de lado.
  • .- Darle bebidas frías, si está consciente.
  • .- Aplicarle compresas, pañuelos o similar fríos, en cuello, axilas e ingles.
  • .- Abanicarle.
  • .- Vaporizar agua sobre su cuerpo o humedecer sus prendas.

¿Qué NO debemos hacer?

  • .- Seguir la actividad física.
  • .- Tomar antiinflamatorios.
  • .- Tomar bebidas alcohólicas.
  • .- Tomar sustancias estimulantes.
  • .- Tomar comidas o bebidas calientes o muy grasas.

Y por último recuerda que, cuando hace calor, ¡es vital acordarse de beber sin esperar a tener sed!

Dr. Kepa Lizarraga